29 abr. 2013

FALSAS IDEAS PERRUNAS.



                                   FALSAS IDEAS PERRUNAS.



            Son incontables las veces en las que todo adiestrador, ha tenido que escucharde historias con poca base cientifica, y si mucha imaginacion. Todos conocemos lo que son este tipo de cosas. Los nombres que se utilizan son muchos: leyendas urbanas, cotilleos, habladurías… todo son más, o menos lo mismo. Este artículo (y los siguientes) han sido creados para evitar ese tipo de informaciones, y conseguir que de una vez por todas, las personas a las que nos gustan los perros, tengamos la certeza de qué es cierto, y qué no lo es. Hay que empezar a culturizarse.

           

¿Puedo darle paracetamol a mi perro?

            El proceso metabólico de esta molécula es diferente en el hombre, y en el perro.
En el perro su eliminación es menos eficiente, lo que entraña un mayor riesgo de intoxicación. Los perros jóvenes, y sobre todo los gatos son más sensibles y reaccionan negativamente a menor dosis. La intoxicación se manifiesta en las horas posteriores que siguen a su ingestión, representada por una repentina fatiga, una respiración rápida, mucosas cianóticas, edema en la cabeza y extremidades, vómitos, y diarrea…

            No utilices tampoco aspirina, o ibuprofeno, estos medicamentos provocan vómitos y ulceras gástricas, y en los procesos más graves, una insuficiencia renal.


¿El perro cicatriza sus heridas lamiéndose?

            En la naturaleza los animales no tienen acceso a  medicamentos, y por tanto se lamen sus heridas de forma instintiva. Como muchas de ellas se han curado, y ha quedado una bonita cicatriz, se ha pensado durante mucho tiempo que su saliva tenía propiedades medicinales. Esto no es así. Su función principal, es que el lamido permite limpiar la sangre, la cual evita que atraiga a los depredadores, y elimina la suciedad que pudiera haber quedado adherida a la herida.
 
            Sin embargo la saliva no puede impedir la aparición de una infección. No cura. Al contrario, puede inocular microbios patógenos.
En efecto, en el perro, se estima que cada día son excretadas con la saliva alrededor de cien billones de bacterias.


            Estas son dos de las preguntas más frecuentes que suelen hacerse muchas personas, y que resultan no ser más que leyendas urbanas. Así que si tienes alguna otra cuestión que quisieras aclarar, de la que no estas seguro pueda ser cierta, puedes realizar un comentario con tú consulta al pie de este articulo. Este blog se ha hecho para ayudar a los dueños de mascotas, ayúdanos a ayudarte.

26 abr. 2013

Consejos para los dueños de perro cuando tienen un bebé.



Consejos para dueños de perros que esperan un bebé.


            Cuando somos propietarios de un perro, y esperamos la llegada de un bebé, es muy normal preocuparnos por la reacción que tendrá nuestra mascota cuando el niño llegue a casa. Por ello debemos tomar una serie de precauciones, que harán que podamos disfrutar de la convivencia familiar. No debemos exagerar ni dramatizar la situación, pero hemos de tener claro que debemos entender la situación que implica la aceptación por parte de nuestro perro, de un nuevo miembro en nuestra manada.

           

Antes de la llegada del bebé.


                -Adiestramiento en obediencia básica.-


- Es imprescindible que nuestro perro aprenda a caminar a nuestro lado sin tirar de la correa. El motivo, como entenderemos, no solo es para que los paseos sean más satisfactorios y tranquilos, si no que así podremos pasear al bebé en su carrito, y al mismo tiempo nuestro perro podrá acompañarnos. La orden “junto”, es por tanto indispensable.

- También debemos trabajar con él la orden de “quieto”, para que nos sea más sencillo controlarlo en diversas situaciones, tales como abalanzarse encima del niño para curiosear, o sobre nosotros para jugar, cuando no queremos que moleste al bebé si está durmiendo. Unos buenos “frenos”, hacen maravillas.



-Llegada del bebé a casa-

 No debemos dejar a nuestro perro solo en casa. Es preferible si no somos capaces de estar con él en los primeros días desde que llega el bebé, ya sea estando en el hospital, o en el delicado proceso de la llegada del bebé a casa, no debemos dudar de que nuestro perro se puede quedar con un familiar, o un amigo. Hemos de entender que para el perro no será algo molesto, la mente de un perro es como la de un adulto humano no desarrollado, o sea, la de un niño, para él será como quedarse a dormir en casa de los tíos. La base para entender el proceso que debemos seguir es simplemente, que ha de ser un proceso progresivo para que el perro se adapte. Para ello unas simples directrices nos ayudarán mucho.

-Llevar una manta, o toalla con el olor de nuestro bebé a casa es muy recomendable. Mientras le mostramos a nuestro perro la prenda, si jugamos con él, y le ofrecemos premios, y le acariciamos para que asocie el olor del bebé con experiencias positivas, nuestra mascota será capaz de reconocer más tarde dicho olor con el de alguien que ya pertenece a su entorno, y no le causará extrañeza.

-Otra de las acciones más importantes que debemos realizar, es llevar el perro al veterinario para recortarle, y limarle las uñas, hacerle una revisión y asegurarnos de que lleva puestas las vacunas al día, y que cada tres meses se ha desparasitado internamente. Toda medida sanitaria es poca con nuestro bebé, pero también con nuestra mascota. Vamos, la revisión general que por norma debe llevar nuestro perro.

-Debemos dejar que nuestro perro se acerque al bebé, e investigue sobre quien es el nuevo miembro de su manada. Por supuesto, siempre debemos estar atentos para que el perro, sin querer, no pueda lastimar al bebé. Es importante en dicha acción, estar relajado mientras se realiza la presentación del bebé a nuestro perro. Debemos tener especial cuidado en no transmitir a nuestra mascota ningún signo de excitación. No es nada recomendable castigar al perro cuando se acerque al niño para investigar, siempre con nosotros presentes, ya que asociaría al bebé con experiencias negativas (esto es algo que suele ocurrir mucho, nos solemos exaltar en cuanto se acerca). Debemos de animar al perro a que se acerque al bebé, pero de una forma calmada. Siempre de forma calmada, tanto él, como nosotros. Mientras lo haga de esta forma, es muy recomendable premiar a nuestro perro con voz suave, y caricias relajadas. Debemos transmitir serenidad. Es un momento maravilloso para la vida de toda la familia.

No debe prolongar mucho tiempo la primera toma de contacto. Al igual que hemos dicho antes, el proceso de presentación debe ser de forma gradual.

                                                 IMPORTANTE

“Nunca dejaremos al bebé a solas con nuestro perro, ya que podría producirse un accidente. En todo momento, tanto el bebé como el perro, estarán bajo nuestra vigilancia. Los niños jamás han de quedarse sin la supervisión de un adulto.”


Cuando el recién nacido llega a nuestra casa, es habitual que lleguen a casa visitas para dar la bienvenida a nuestro hijo/a. Cuando esto sucede, debemos fijarnos en no dar de lado al perro. En este tipo de casos, debemos animar a las visitas a que le den algún premio a nuestro perro, o que jueguen con él. Que se sienta integrado, y parte de la celebración. Así nuestro perro no se sentirá desplazado por la llegada del bebé.



- Como evitar los celos-


Esta es sin duda una de las primeras cosas que nos preguntamos cuando un nuevo miembro llega a nuestra casa. Es comprensible entender que cuando el bebé llega, todo nuestro tiempo es poco para dedicarle, por lo que es igualmente razonable que nuestro perro llegue a interpretar esto como que nuestro hijo es el único depositario de toda nuestra atención. Por tanto, si el bebé no estuviese, o mejor dicho si no está, él pasaría a ser el centro de atención. Este es el motivo principal por el que nuestro hijo se puede convertir en un competidor para el perro. La obtención de nuestra atención.

Para que esto no ocurra debemos hacer que el perro reciba más atención cuando el bebé está presente, que cuando no lo está. Cuando el bebé no está en presencia del perro, debemos reducir las caricias, los premios etc. a nuestro perro. Debemos entender que esto ha de hacerse así.
Es importante que nuestra mascota asocie que todo el cariño, juego, y recompensas que se le da, le es ofrecido en presencia del bebé.



 Importante.

    -La educación del niño-

Según la mayoría de especialistas, la convivencia con un perro (con casi cualquier animal domestico) es muy beneficiosa para los niños, ya que contribuye a la sociabilidad, y al desarrollo cognitivo del mismo. El niño será más educado, y tendrá un mayor sentido de la responsabilidad.

¿Cómo enseñar a nuestro hijo a interactuar con nuestro perro?

-         Hay que comprender que no debemos preocuparnos si nuestro perro lame a nuestro hijo, ya que siempre y cuando nuestro perro esté en condiciones higiénico-sanitarias adecuadas, no existe un riesgo extremo para nuestro hijo.
-         Debemos enseñar a nuestro hijo que zonas no debe tocar de nuestro perro, y la fuerza necesaria que debe aplicar al acariciarlo. Además de ser una estampa muy tierna.
-         Debemos coger la mano del niño con la nuestra, y enseñarle a acariciarlo con suavidad ya que, normalmente, en los primeros años de vida, el niño tomará al perro por un juguete, y podría hacerle daño.
-         No debemos reñir al niño con voz fuerte, o de forma desproporcionada, delante del perro, ya que nuestra mascota podría sentirse obligado a corregir al niño en cualquier momento.


Es comprensible que cuando estamos embarazados, o nuestro bebé acaba de llegar a nuestra vida, no tenemos el tiempo necesario para ponernos en manos de un profesional, a menos que no exista otro remedio. Sirvan estas líneas de ayuda a todas aquellas personas que se encuentren en la maravillosa transición de ver aumentada su manada. Enhorabuena.


Dedicado a Laia.

14 abr. 2013

LA LEYENDA DE THOR

QUISIERA DEDICAR, CON MUCHO CARIÑO, ESTA HISTORIA A MI MARIDO POR LA PERDIDA REPENTINA DE UNO DE SUS DOS GRANDES PERROS DE RAZA ROTTWEILER:


LA LEYENDA DE THOR

La leyenda que a continuación vais a leer está basada en hechos reales y ocurrió a principios del siglo XX en Gistain, un pueblecito del Pirineo aragonés. ¡Que contento iba Pedro con su nuevo regalo de ""Alemania""! A Pedro, pastor de oficio le acababan de traer de un pais muy lejano un cachorro de Rottweiler, una raza según le habían dicho muy buena para cuidar ganado. Thor era un cachorro de Rottweiler de unos 6 meses, juguetón y travieso´, que en cuanto vió las ovejas se puso a juguetear con ellas, las cercaba ora por un lado, luego por otro, como si lo hubiese estado haciendo toda la vida. Pedro estaba cada día más orgulloso de su nuevo can, qué fuerte está y qué sano. Pedro siempre iba acompañado de Thor, incluso cuando iba a la cantina a echarse unos vinos con los amigos. Thor poco a poco se fué convirtiendo en un gran macho de aspecto fiero y temible, y no eran pocos los que le decían a Pedro:""Ya puedes tener cuidado con ese bicho, un día te ha de matar las ovejas"" ¿no te das cuenta el poder que tiene ese animal? Más te valdría matarlo antes que te haga una mala jugada a tí o a cualquiera de nosotros. Pero Pedro se reía y pensaba: ¡Dios, que envidia tienen de mi chucho! Una tarde de febrero empezó a nevar y nevar y Pedro tuvo que encerrar el ganado antes de lo normal, el frío era muy intenso y Pedro se metíó en su covacha al amor de la chimenea. Se preparó un buén platico de sopas de ajo. Las que sobren se las echaré a thor,pensó, lleva todo el día trabajando y he descuidado su comida. Al cabo de un par de horas, Pedro con las sobrás de su cena salió afuera y llamó repetidamente: Thor, Thor, toma, ven a cenar algo. Pero Thor no vino. Pedro insistió un buen rato y al no obtener respuesta se metió en su casa medio aterido de frío. Después del duro trabajo del día y de la buena cena, Pedro no tardó en quedarse dormido. Al cabo de un buen rato Pedro se despertó sobresaltado,acaba de oir gruñidos y las ovejas corrían enloquecidas por el redil. ¡Que ocurre Dios mío, están enloquecidas! Pedro, cogió su luz de carburo y una vieja escopeta y salió rápidamente afuera. Lo que vió fué desolador, en la misma puerta una cordera degollada en su última agonía, tres metros más afuera otra oveja más pataleando, cosida a mordiscos y casi pegado a ella estaba Thor, de pié, orgulloso, su boca llena de sangre y su mirada no era como la de siempre, era una mirada de muerte. Maldito perro asesino, traidor, ya me habían advertido contra tí y no hice caso pero esta será la última. Pedro levantó seguro su escopeta y apunto al pecho de Thor, no podía fallar. De repente la mirada de Thor se volvió de incomprensión, no sabía lo que estaba ocurriendo, su amo le había gritado, pero ¿Por qué? Pedro con el dedo en el gatillo estaba a punto de disparar cuando por el rabillo del ojo vió algo extraño inerte en el suelo, era un lobo,un lobo muerto. Diez metros a la izquierda otro lobo malherido que apenas podía correr intentaba escalar la tapia de piedra para huir.

Una historia para recapacitar sobre el mal que la sociedad en general le está haciendo a estas razas por la incomprensión de las mismas.

Un mundo de gigantes.



            Es difícil explicar lo que aquí ha acontecido. Sin duda he de reconocer que me he portado mal a lo largo de mi vida, pero eso ya pertenece a una vida anterior, que intento, por todos los medios olvidar lo antes posible. Y sin embargo no se me puede achacar toda la culpa de lo ocurrido. Es una historia harto complicada, y sin duda difícil de entender. Más para mí. Valgan estas líneas, como intento de esclarecer lo acontecido, y como guía para todos aquellos que se encuentren en mi misma situación.

            Lo lógico seria empezar por el principio, mas si bien no recuerdo demasiado por tener en aquella época demasiada juventud, aclararé lo que esté dentro de mi alcance.

            Nací un bonito día de primavera, en una casa con Jardín, y pese a lo idílico de la estampa, no fue un comienzo demasiado venturoso. Jamás he conocido a padre alguno, al menos no a mi padre real. Durante algún tiempo creí que mi verdadero padre era aquel con el que me había criado, pero existían demasiadas discrepancias en nuestro aspecto como para  que aquello fuese posible. Es por esto que ya desde muy joven fui capaz de entender que aquel ser que me cuidaba, y me dio refugio en su casa, no era realmente el que me había engendrado.

            Mi madre, por el contrario, era sin ninguna duda mi verdadera madre. Tierna y siempre diligente, me cuidó con mesura y dedicación, pese a que desde siempre fue un trabajo arduo y difícil. Y es que no soy el único nacido en el mismo parto, ya que mi madre dio a luz, además de mí, a cuatro hermanos más. Dos chicas, y dos chicos. Total cinco mellizos, nada menos. Es de suponer que desde que tengo memoria, no soy capaz de recordar momento alguno en el que no estuviera disputando con alguno de mis hermanos, y hermanas, el cariño, y atenciones de mi madre. De alta cuna, mi madre siempre intentó darnos la mejor educación, mostrándonos la diferencia entre el mal y el bien. Enseñándonos lo que era posible hacer, y lo que no. Sin duda, al igual que cualquiera entiende, las madres tienen la obligación de enseñarle a uno esas cosas. De igual forma, supongo, ese hubiese sido el deber de mi padre, que al igual que mi madre también era descendiente de rancio abolengo. Es por esto, que quizás, exista entre mis hermanos, y yo, un cierto deje de engreimiento, ya que mi casa es una de las más nobles, y antiguas que se conocen.

            No es por tanto un intento por ser vanidoso, pero la casa Yorkshire, de la estirpe de los Terrier, ha sido siempre muy admirada, y bien recibida allí donde fuese. Incluso mis primos más lejanos, y de menos casta que la mía. Es por tanto comprensible entender que desde siempre mi padre adoptivo, su hembra, y su pequeña cría, de nombre Lucia, hayan intentado desde siempre servirnos en todo lo posible, y concedernos todos los caprichos deseables, a mi madre, mis hermanos, y a mí.

            Por supuesto no todo han sido alegrías, y bonanzas. La primera, y más antigua fue sin duda la desaparición de mis hermanos, y hermanas. Cierto día en  el que me encontraba yo acurrucado cerca de mi madre, llegaron a mi casa unos extraños que jamás había visto. Agraciados con mi padre adoptivo, no vi motivo, al igual que mi madre, para mostrarme agresivo, si bien, yo era muy pequeño, ya daba muestras de alta gallardía. No deseo extenderme más en lo ocurrido, pero cuando nos quisimos dar cuenta, ya nada se podía hacer al respecto, y no volvimos a saber de ellos. Por tanto es comprensible entender que los siguientes días fueron de inevitable dolor y pena, y más si entendemos que la aflicción que sentía mi madre por sus pequeños desaparecidos, parecía ser compartido por mi padre adoptivo, y su manada. Yo nunca confié demasiado en aquella manada de gigantes desgarbados que excedían con mucho lo que un ser notable debe medir, pero desde muy pequeño he visto como mi madre aceptaba tanto lo bueno como lo malo de aquellos seres, y he sido objeto de sus zalamerías, y galanteos. Es por tanto comprensible que no tuviese más remedio que aceptarlos, y no desconfiar de ellos. Aun así, es como digo un trauma, el que vivimos aquel día desafortunado tanto mi madre, y yo como aquellos bípedos con su curiosa forma de moverse sobre dos patas, a los que iba, como digo, acogiendo por expreso deseo de mi madre, como parte de nuestra manada.


            Pasaron los días en los que comencé mi desarrollo realizando tanto las tareas deseadas, dignas de mi clase, como las no tanto. Y es que es extraña costumbre la impuestas por los bípedos gigantes, que un miembro de la manada ha de ser restregado con un extraño ungüento, y aclarado con agua, al menos una vez cada siete soles. Cosa totalmente incomprensible para mí, ya que no entendía, ni entiendo, si este es un ritual bueno o malo. Por un lado el proceso, parece ser divertido para todos, o al menos eso intentaban hacerme creer, y por otro, no cesaban de regañarme por todo lo que hacia. En fin, empecé como digo a interesarme en comprender la extraña lengua humana, tanto la parte física, como la sonora de estos seres calvos, como era el capricho de mi madre, pero cuanto más lo intentaba peor iban las cosas.

             Es por tanto, como he dicho en un principio, que no es de mi titularidad toda lo culpa de lo acontecido en nuestra manada, ya que se debe, casi siempre, a la imposibilidad de los bípedos por aclararse en cual es su mandato. Yo no soy demasiado obtuso en el entendimiento de materias, es más, soy bastante avispado si se trata de comprender, y sacar partido a lo que me rodea. Como ejemplo he de añadir, he sido capaz de entender sin complicaciones todas las materias instruidas por mi madre, y siempre a la primera. Pero en cuanto a lo enseñado por los humanos, como los llama mi madre, la dualidad de lo que exponen, me ha llevado siempre a ser castigado por mi padre adoptivo. Como caso mas significativo baste decir que cierto día descubrí que no debo ladrar a Lucia, la pequeña de la manada de humanos, porque al parecer no le gusta demasiado a la hembra de mi padre adoptivo. El caso es que la hembra de mi padre hacia lo mismo que yo, ya que cada vez que yo ladraba, ella me recompensaba en un intento claro para que continuase, con más gruñidos en el inteligible idioma de los humanos, por lo que yo siempre he considerado que estaba imitándome, y que era una forma más de divertirnos mutuamente. Pero al parecer este no era el caso, hoy, ya mayor, he entendido que cuando ladras a un humano, y este hace lo mismo, lo que en realidad te está intentando decir es que no debes ladrar. En vez de ignorarte como deben hacer los seres inteligentes, los humanos tienen la extraña costumbre de ladrar más alto que tú, lo que acarreaba mi más perpleja confusión, y por supuesto un terrible castigo. Y no solo era eso, si no que se extendía a todas las materias, y costumbres que la manada humana intentaba enseñarme. Lo mismo me invitaban, si no me subían ellos mismos, al sofá, que de repente me gruñían enfurecidos exigiéndome que bajase de inmediato. Lo mismo me animaban, con esos sonidos tan zalameros que emiten los humanos, a que les mordiese las prendas de ropa que se ponen encima de la piel, y los lamiera enteros, que de repente estaba totalmente prohibido. Sobretodo con la hembra de mi padre adoptivo, a la que sentaba fatal que arañara lo que ella llamaba “medias” cuando se preparaban para atiborrarse de comida fuera de nuestra casa. Y bueno, luego estaba lo falsos, e incoherentes que pueden llegar a ser, sobretodo en lo que se refiere en determinar quien predomina en el liderazgo de la manada. Recuerdo un caso en el que la pequeña Lucia quiso invitarme a pasar la noche en su“cojín para dormir”, que es como el mío, pero mide al menos veinte patas de largo por diez patas de ancho. El caso es que la niña insistió mucho para que me quedara con ella aquella noche, y después de ladrar suplicante durante mucho tiempo a su madre humana, no consiguió salirse con la suya. Lo curioso, es que ya sin el sol en el cielo, habiendo escuchado a Lucia ladrar de igual forma a su padre, que a su madre, vino a mí, en compañía de mi padre adoptivo, exultante y con el consentimiento necesario. Es por esto que pasé la noche en su cojín, compartiendo su calida compañía hasta la salida del sol. Sin embargo, como era costumbre, la hembra de mi padre adoptivo salió como todas las mañanas a marcar su territorio en un específico lugar de la casa en la que todos los humanos tienen la obligación de hacerlo, cuando pasó por delante del cojín de Lucia, y me vio allí echado. Si sabia que tenía consentimiento del dueño de su manada, no lo sé, pero después de pasar medio somnolienta, y de hacer varios sonidos de incredulidad, la hembra de mi padre adoptivo arremetió cruelmente contra mí, para confusión y sobresalto mío, lo que generó algo que no esperaba: desentendimiento de la pequeña Lucia, que no hizo otra cosa que girarse para que no la molestásemos, sin despertarse siquiera.

            Fue ahí donde empezó una época pavorosa en la que las disputas territoriales pasaron a ser cotidianas. Visto que no existía por parte de los humanos un entendimiento de cuales eran las normas que se debían tener para que en nuestra manada existiera orden, y ya que estaban intentando que fuese incluido en ella, decidí que era hora de asumir, como manda la tradición, que debía ser yo el que poseyera el titulo de macho Alfa. Hay que entender que no fue para mí una decisión, ni una tarea fácil de acometer, pero como he dicho anteriormente, provengo de una noble casa, de alta cuna. El deber obliga.

            Aun así los enfrentamientos fueron despiadados, hasta el extremo de ser golpeado al intentar corregir a la pequeña Lucia para que se quitase de mi sitio en el sofá, con una pequeña dentellada que enrojeció su delicada piel. Este acto, del todo necesario, tuvo como resultado mi reclusión inmediata. Mi arresto en el lavadero. Encerrado, y con varios golpes de escasa importancia. En resumen, los humanos cometieron traición. Pero eso no iba a quedar así.

            Poco después de la salida del sol, el macho humano, pese a que yo le advertí que mi predominancia era incuestionable, me forzó a meterme en la “caja de viajar”, un pequeño cubículo con puerta que usan los humanos para llevar a los de mi especie a ver al medico. En esta ocasión, el destino no era a ver al medico, ni mucho menos por la preocupación que sentía el humano por mi estado de salud.

            El lugar en cuestión en el que terminamos, había sido visitado por muchos de mi raza, como así me lo constataron las diferentes marcas, y señales que estaban diseminadas por toda la instalación. A diferencia de los humanos que solo usan los ojos para darse cuenta de lo que los rodea. Como todo el mundo sabe, los míos tenemos la innata habilidad de poder vislumbrar todo lo que ha acontecido en el pasado en un lugar, utilizando nuestro olfato. He de decir que el lugar no me gustó demasiado, ni el hecho de encontrarme allí me dio seguridad alguna, y menos después del golpe de autoridad del día anterior. Lo primero que me encontré nada más entrar fue a una humana delgaducha que lejos de preocuparme, lo que hizo fue sorprenderme. A diferencia de lo que normalmente hacen los humanos, independientemente de las señales que yo insisto en comunicarles, la mayoría de ellos no entienden nada de lo que les transmito. Esta humana sin embargo, el mero hecho de indicarle físicamente que su acercamiento no era deseado, para mi sorpresa, se detuvo inmediatamente. Sorprendido gratamente por ver por primera vez como un humano entendía, al parecer, y obedecía lo que yo le señalaba, me dediqué a inspeccionar el lugar en busca de más información, mientras mi padre humano, y aquella hembra humana intercambiaban ladridos, y gruñidos en el incomprensible lenguaje humano. Estando el sol ya en alto, mi padre humano dio por concluida aquella retahíla de sonidos, y entregando un saco con la comida con la que solía alimentarme, se marchó dejándome a solas con aquella extraña hembra.

            No hubo demasiada relación durante aquel día, ya que poco después de la partida de mi padre humano, el traidor renegado de mi padre humano, aquella delgaducha hembra humana me engatusó por medio de una pelota para que la acompañara al lugar donde iba a pasar el resto del día. Detrás del recinto cerrado cubierto con el suelo de arena, había una entrada que daba acceso a unos cubículos hechos de la piedra que usan los humanos para hacer sus cuevas, y que estaban diseñados para alojar a los de mi especie. Varios de los míos ya se encontraban allí. Algunos, los más, de no tal alta cuna, pero que remedio me quedaba si no seguirla. Ella tenía una pelota.


            Al amanecer del siguiente día, me sobresaltaron los ladridos de los demás canidos presentes, que si bien no eran de carácter agresivo, como yo esperaba por la llegada de aquella humana, sonaban extrañamente amistosos, casi excitados. Después de una comida ligera, se me exigió introducirme una vez más en mi “caja de viajar”, y fui  expuesto, para escarnio público en la arena, a la vista de todos mis iguales. Al menos, yo pensé que era algún modo de ajusticiamiento, pero al poco deseché aquella teoría, ya que al parecer, yo no era, a diferencia de en mi casa, el centro de atención.

            Lo que allí pude ver me confundió enormemente. Eran varios de mi especie los que allí había, y todos ansiaban, por turnos además, relacionarse con aquella delgada humana. Y no se detuvo aquí la cosa. De una manera que se escapaba a mi comprensión, la hembra humana parecía tener la habilidad de comunicarse con los de mi especie. Daba igual a que casa, o de que estirpe, o condición perteneciera un canido, allí habían ilustres, e indómitos miembros de diferentes, e incluso antiquísimas estirpes caninas, incluso razas guerreras del Norte, de la casa de los Rottweiler. Todos obedecían sumisos a aquella delicada humana, ansiosos por complacerla.

           

             No pasó demasiado tiempo hasta que me llegó el turno a mí. Dejando clara mi intención de no salir de mi “caja de viajar”, aquella humana me obligó a ponerme un extraño collar al cuello. No era mi primera experiencia con aquellos artilugios, si bien normalmente solía llevar un arnés para deleite mío, y de la pequeña Lucia, a la que parecía encantarle tirar de mi, mientras ella era arrastrada por mi inigualable fuerza, aquel parecía tener trazas de ser diferente a los demás collares. Poco tardé en darme cuenta de lo que realmente era aquella humana, y de lo atrapado que me tenía. Mientras caminábamos, varios de mi especie deambulaban libres acompañados de otros humanos. Como manda la tradición, y las buenas costumbres, intenté acercarme a ellos para intercambiar nuestros aromas, y entonces ocurrió. Aquel collar, a diferencia de otros, cada vez que intentaba alejarme de aquella delgada humana, tenía la extraña facultad de hacerse más pequeño cuanto más me alejaba de ella. Me quedé helado. Estupefacto. Sin duda estaba ante una poderosa hechicera humana. Y no existía forma alguna de contrarrestar aquellos efectos. En todas las ocasiones, cada vez que me alejaba, el collar reducía su tamaño haciéndome volver de nuevo al lado de la hechicera. Así pasé varios días en los que aquella delgada humana comenzó a compartir su tiempo conmigo, y en los que sin percatarme de ello, comencé a entender lo que me decía. No se trata de que entendiera realmente el galimatías que forma el ladrido humano, si no que utilizaba unos sonidos concretos para indicarme lo que deseaba de mi. Ya he dicho que soy bastante avispado, y es por esto que no me costó demasiado asimilar este proceso de aprendizaje. En contraposición a esto, parecía que la hechicera también era capaz de entender lo que yo le comunicaba. Entendía cuando sacarme, cuando darme de comer, y siempre que terminaba exitosamente todo lo que deseaba que hiciese, me permitía libremente deambular por la arena, y relacionarme, no solo con los de mi especie, si no también con los humanos allí presentes. Tal era su poder, que hasta los humanos, dando igual el tamaño que tuviese, o si eran macho o hembra, que estaban allí, obedecían ciegamente lo que ella les mandase.

            Pasaron varios soles, hasta que un día volvió mi padre humano a visitarnos, pero en esta ocasión no se marchó. Por el contrario, la poderosa hechicera lo convenció utilizando sus artes para que desde ese momento ocupara su lugar al otro lado de mi correa, y lo enseñó para que fuese él el que se pudiese comunicar conmigo. Así empezó un proceso en el que cada sol que pasaba conseguía entender mejor a mi padre adoptivo. Hasta tal extremo que tuve que reconocerlo como el miembro más importante de la manada. Mi guía.

            Ese mismo día volví a nuestra casa, y pese a lo que yo sospechaba que iba a ocurrir, lo cierto es que mi llegada fue más que bienvenida. Nunca más volvió mi amo a olvidar como hablarme, ni yo como obedecerle. Es más, hasta su hembra, y la pequeña Lucia hacían todo tal, y como mandaba la hechicera.

En un mundo donde un objeto cotidiano tiene, por pequeño que sea, al menos tres patas de altura. Donde los deberes y obligaciones, por muy alta que sea tu cuna, son la forja de la verdadera obediencia. Yo, he de reconocer, que soy ahora un miembro productivo de mi manada, y hoy puedo decir orgulloso, que no siento miedo, aunque viva entre gigantes.

7 abr. 2013

El camino recorrido.



Esta es la historia de una chica normal, no nos engañemos. No todas las historias deben de ser de grandes, y heroicas personas, que realizan grandes gestas, o que descubren míticos lugares perdidos, corriendo un sin fin de aventuras. Es la historia de una persona normal, como digo, aunque no por ello es una mala historia.

Nuestra historia comienza en el seno de una familia trabajadora. Con un  padre, funcionario de toda la vida, y una madre, que auxiliaba a su padre, el abuelo, en la empresa familiar. Nuestra protagonista, desde muy pequeña siempre dio muestras de poseer una afinidad singular con todos los animales. No es extraño que un niño quiera, desde su más tierna infancia, ser veterinario, pero no es común cuando creces, seguir con la misma determinación, y entusiasmo. Cuando un niño sale del colegio, y está en la adolescencia, normalmente, sus objetivos varían. Es por tanto inusual cuando te conviertes en adulto, como digo, continuar con esta convicción a la hora de entender que es lo quiere ser de mayor, lo que por supuesto, no fue bienvenido en su hogar. No podía se menos. Para la familia de nuestra protagonista, fue un duro varapalo el encontrarse con la obcecación de la niña, que por todos los medios, refunfuñaba, y esgrimía argumentos impropios de su edad, con el convencimiento de estar en el verdadero camino para labrarse su futuro. Por supuesto, lo que la niña no sabía, era que la carrera de veterinaria nunca fue una opción para sus padres. Para ellos las únicas carreras que su hija podía realizar eran o económicas, o medicina. Así que aunque nuestra protagonista se esforzó, y trabajó todo lo que pudo para que sus notas fuesen las mejores, conseguir lo que tanto ansiaba siempre fue, algo imposible. Esta historia que comienza así, no es para mí extraña, ya que creo que está de más decir, que esa niña era yo.

Pero estas son las cosas que tiene la vida. Aunque se trace un plan exquisitamente ideado, el destino tiende, siempre, a imponer su voluntad. Esto me lleva a recordar, el que fue, uno de mis mejores días de cumpleaños. Aun me encontraba realizando mis estudios, cuando uno de mis tíos, me llamó para darme su regalo. De repente me encontré con una nube de entusiasmo, y vitalidad, todo lleno de lengua y cola que no paraba de lamerme, y hacerme arrumacos. Con una confianza extrema, un Rough collie de nombre Varón, estaba intentando convencerme para que fuese su amiga. No le costó mucho, he de decir, pero fui la única que vio con buenos ojos la llegada de Varón a nuestra casa. Al contrario de lo que me esperaba, la idea de que aquel perro se quedase conmigo desató enfrentamientos familiares que prefiero no recordar. La causa de todo el alboroto, no solo era el perro en sí, si no que a mi madre le dan miedo los perros, y por supuesto, eso significaba que no iba a dejar a una de sus hijas tener uno.

Lo cierto es que, pese a quien pese, aquel perro aporto mucho a mi vida. Fue mi primer perro. Y no solo eso, fue mi compañero de buenos, y malos ratos. No voy a describir demasiado como fue su vida conmigo. Todo el mundo puede hacerse una idea de lo que era para una chica joven su perro, y más si es deseada su compañía. Durante dos años aquel Rough Collie permaneció a mi lado, formando parte activa en mi vida, y dejándome una huella imborrable en el alma. Desgraciadamente las cosas buenas no suelen durar demasiado. Después de suplicar, y prometer, y jurar, y volver a suplicar a mi madre para que no me separase de mi amigo, hizo caso omiso a todo lo que le dije, y convenció finalmente a mi tío para que Varón abandonase mi casa.

Yo sé que fue terrible para mí aquella separación, pero sin duda no fui la única que se dio cuenta de esto. Poco tiempo después, transcurridos unos meses de la partida de Varón, mi padre dándose cuenta de mi estado de ánimo, no tuvo más remedio que consentir, siempre con la promesa de que continuaría obteniendo buenas notas, no la vuelta de Varón, pero al menos permiso para que tuviera otro perro. De esta manera apareció en mi vida Sara, una pastora Alemana, a la que quise muchísimo, y todavía, esté donde esté sigo queriendo. Pero como hemos dicho antes, las cosas buenas… Sara murió envenenada por unos criminales (digo criminales, porque no está bien decir lo que quiero) cuando intentaron entrar a robar en mi casa. Estuvo conmigo cuatro maravillosos años, y hasta el final, fue una perra ejemplar. Una amiga.

Pasó un año desde que Sara nos dejase en tan malas circunstancias, pero al igual que lo bueno, las cosas malas tampoco suelen durar. Un buen día, me llevé una estupenda sorpresa, cuando mi padre apareció en mi casa con un cachorro de pastor alemán llamado Thor. Aun seguía con la pena de la perdida de Sara, pero aquello no hizo que me alejase del pequeño Thor. Todo lo contrario. Thor fue muy importante en mi vida. Pasé muchísimas horas con él. Tal fue el vínculo que conseguimos crear, que prácticamente llegue a pensar que entendía mejor a los perros, que a las personas. Y no solo era lo que yo pensaba, si no lo que él me demostraba repetidamente. Un día, todavía con el recuerdo del intento anterior, unos ladrones volvieron a intentar entrar en mi casa. Demostrando su valentía, y nobleza innatas, Thor hizo frente a los asaltantes demostrando en él una fiereza fuera de lo común. Con mi madre, mi hermana, y yo solas en casa aquel perro se lanzó contra los delincuentes que huyeron despavoridos, perseguidos por Thor. Consiguió saltar el cercado de casa, y gracias, porque si no lo hubiese atravesado, y continuo ladrándoles hasta que quedó convencido de que tenían bastante. No volvimos a saber de ellos, y seguramente, ojalá, todavía estarán corriendo. En aquella época, mis padres estaban en trámites de separación, y en casa solo estábamos nosotras, supongo que fue por eso que los ladrones pensaron que podrían entrar a robar. Que equivocados estaban.

Desgraciadamente unos meses después, llevada a término la separación de mis padres, mi madre, mi hermana, y yo nos fuimos a vivir a otra casa, un piso, donde no podíamos hacernos cargo del valiente Thor, y tuvo que quedarse con mi padre a sabiendas de que no podría hacerse cargo de él. Al menos me queda el consuelo de que mi padre le buscó una buena casa, donde pudo ser feliz.

Pasó poco más de un año de aquella separación, cuando conocí al que hoy día es mi marido. Al igual que yo, un amante de los animales. Con él, y posteriormente con la ayuda de mi hija, he podido disfrutar, y comprender, con el paso de los años, mejor a nuestros perros.

Cuando conocí a mi marido, convivía con un Cocker Americano de nombre Whyskey, con más, o menos un año de edad. Era un pacifico bonachón acostumbrado a la soltería, y a hacer lo que le daba la gana. Viviendo a solas con mi marido en casa, cuado éste no estaba, Whyskey era el rey. Llegada la convivencia en pareja, y teniendo en cuenta que mi marido se iba al trabajo, quedaba en mis deberes el ocuparme plenamente de las necesidades del precioso Whyskey. Yo le sacaba a pasear, le bañaba, le mimaba, y jugaba con él. Hasta que quise poner algunas normas de convivencia, y Whyskey no las acepto. Me gruñía, me intentaba morder, así comenzó una pesadilla con una constante invariable: todo ocurría cuando mi marido no estaba presente.

No pasó desapercibido el cambio que sufría el perro cuando se encontraba conmigo a solas. Aun así, conseguí que Whyskey fuera un buen perro, y que me aceptara en la manada, después de estudiar su conducta, y de corregirle, no sin esfuerzo, sus malas conductas de perro mimado. Solo tuve que poner una serie de normas tanto a mi marido, como a Whyskey.

Tuvimos una buena, larga, y beneficiosa vida justos, llena de muy buenos momentos. Whyskey falleció después de dieciséis años, y hoy día aun sigue en nuestro recuerdo.

Poco después de la perdida de Whyskey, mi marido me regaló un Bull Terrier al que llamamos Nicolás. Nico era un perro muy activo y alegre. Pasados seis meses de la llegada de Nico a nuestra casa, decidimos que queríamos adiestrarlo. Ponerle unas normas, pero de una forma más profesional, y eficaz. Preguntamos en muchos sitios, pero para nuestra sorpresa, en todos los lugares donde preguntamos, nos indicaban que teníamos que dejar el perro en residencia durante al menos un mes. Durante el tiempo que estuvimos buscando un buen centro de adiestramiento, o al menos uno que cumpliese con los requisitos que yo deseaba para Nico, estuve pensando sobre la necesidad de someter al perro a un adiestramiento en residencia, y me di cuenta de era yo realmente quien debía adiestrarlo, ya que tenía la convicción, y el tiempo para dedicarle. Después de darme por vencida, segura de que podría, tardase lo que tardase, comencé a adiestrarlo con los vagos conocimientos que tenía sobre adiestramiento canino. Fue durante este tiempo cuando llegó a nuestra vida Quinto, un rottweiler precioso, y un pittbull mejicano de nombre Hugo. Para entonces Nicolás ya tenía dos años, y ya era un perro equilibrado, y obediente.

Unos cuatro meses después de que Quinto, y Hugo llegasen a nuestra casa, encontré, al fin, un lugar idóneo donde me permitían, y ayudaban a adiestrar a mis perros. A este centro comencé a asistir periódicamente con quinto, ya que al ser un Rottweiler, y pertenecer a los llamados “perros potencialmente peligrosos”, consideré que necesitaba alcanzar una personalidad que fuera sociable, y equilibrada. No solo eso, posteriormente me fijé la meta de conseguir que Quinto llegara a ser algún día un perro de búsqueda, y rescate de personas desaparecidas, ya que solo escuchaba malas noticias, y acciones terribles sobre esta raza.

Necesitaba, a toda costa, ver u oír, que un Rottweiler pudiera hacer una labor social.

Hoy, Quinto es un perro operativo en búsqueda, y rescate de personas desaparecidas, habiendo trabajado activamente en la unidad canina de Protección Civil del Ayuntamiento de Murcia. Cumpliendo servicio en dos búsquedas reales de personas desaparecidas. Hoy día trabaja para la Asociación Murciana de guías de perros de  búsqueda, rescate, y salvamento. Un orgullo. Todo esto bajo la supervisión, y ayuda de Jorge, un gran profesional, y amigo, al que le agradecemos su gran esfuerzo, y dedicación.

 No quiero olvidarme de Oscar Páez Sousa, al que conocí al comienzo del adiestramiento de Quinto, y el cual me hizo involucrarme, y comprender mucho más al perro, y le estoy muy agradecida porque ha conseguido convertir un hobby, en una forma de vivir. A día hoy convivimos  en casa, mi marido, mi hija, y yo, con el pequeño Keny, Quinto, Kondo, Geisha, Dory, y Kron. Además de todos los perros que me hacen disfrutar tanto por la mañana como por la tarde cuando impartimos clase.
Quiero agradecer a todos el empeño que ponéis al querer obsequiar una buena obediencia, y educación al mejor amigo del hombre. Vuestro amigo más fiel. Vuestro perro.

3 abr. 2013

Como encontrar el centro de adiestramiento perfecto.




                       
No existe un sistema, o forma que sea “a prueba de errores” para poder encontrar un centro de adiestramiento canino que nos satisfaga en todos los aspectos. Si es por encontrar defectos, el ser humano se las pinta solo para conseguirlo. No es intención de ser grosero, pero esto es así, no podemos negarlo, está en nuestra naturaleza. Para ello lo único que debemos hacer, cuando hemos llegado a la conclusión de que necesitamos acudir a uno que nos de todo lo que necesitamos, es ser objetivos con lo que nos vayamos encontrando, y seguir unas pequeñas directrices, que vamos a dar desde aquí para que, con suerte, podáis encontrar un centro de adiestramiento que os satisfaga tanto a vosotros, como a vuestra mascota, y cumpla con los requisitos mínimos,  para cubrir vuestras necesidades.

Hay que tener claro que encontrar el mejor centro de adiestramiento para nosotros y nuestro perro, es para la mayoria, una de las cosas más importantes, y más difíciles de realizar, ya que desconocemos que nos podemos encontrar en el proceso. Y es normal que esto no preocupe enormemente hasta el punto de que pidamos consejo a un amigo, o busquemos en un blog dedicado a el adiestramiento canino, como es tú caso, para encontrar un poco de luz en este enturbiado asunto. No desesperes, ya que no es tan complejo como la gente suele pensar. Solo es recomendable fijarse en unos pocos detalles, o directrices, para estar seguros de que un centro de adiestramiento posee lo que necesitamos.

1.- Experiencia en el sector de la Educación canina.
             - Es muy importante que el adiestrador/es tenga en primer lugar su titulación en regla como adiestrador canino acreditado (si no la tiene, no es adiestrador), exhibiendo dicha credencial (lo normal es que esté colgada en una pared a la vista de todo el que entre, o en un despacho del centro) si así se solicita, y en segundo lugar, y no menos importante, que posea experiencia en el adiestramiento canino. Esto no hay que confundirlo jamás con el tiempo que lleve en funcionamiento un centro de adiestramiento, ya que es el adiestrador el que realmente enseñará a nuestro perro. Es motivo de confusión este hecho, que nos hace pensar que si un centro de adiestramiento fue fundado hace muchos años, o tiene un nombre muy conocido, va a tener mejor resultado en un adiestramiento que otros, cuando realmente es la veteranía, y experiencia del adiestrador experimentado, lo que debemos tener en más estima.









 2.- Adaptabilidad en el adiestramiento. 
- Hemos de entender un concepto muy claro. Al igual que no existen dos personas iguales, tampoco existen dos perros iguales. Es por esto, que es el adiestrador el encargado de buscar la mejor manera, la más adecuada para nuestro perro, de adiestrarlo en base a las cualidades, y defectos que el animal pueda poseer. Los centros de adiestramiento que poseen, y en muchos casos utilizan de forma publicitaria, un solo sistema, o método, aludiendo a que es infalible, o el más adecuado para todo tipo de perros, no son recomendables. 

3.- Adiestramiento teórico – práctico.
            - El adiestramiento no solo es práctica, también exige de teoría. Un buen centro de adiestramiento ha de tener, además de una amplia zona para el adiestramiento práctico de nuestro perro, zonas habilitadas para la impartición de cursos, o seminarios periódicos, relacionados con el cuidado, costumbres, enfermedades, alimentación, etc. del perro, y el adiestramiento canino. Ofreciendo a los socios del centro de adiestramiento, unas bases teóricas que fundamenten los conocimientos, y que se puedan combinar con actividades prácticas, para desarrollar las habilidades adecuadas de nuestro perro. Así la formación será más completa para los alumnos, tanto humanos, como de cuatro patas.

4.- Temario completo, y actualizado.
- En combinación con el punto anterior, los cursos, y seminarios impartidos por un centro de adiestramiento, también han de ser actualizados, y revisados, para poder ofrecer la mayor cantidad de mejoras relativas al adiestramiento de nuestro perro. Esto es también un indicativo claro de que el centro de adiestramiento intenta aprender, y estar al día de las nuevas enseñanzas impartidas por otros expertos en la materia, lo que indica un claro intento de ofrecer el mejor servicio a los socios-alumnos.

5.- Acuerdos con otras entidades.
- Es muy recomendable que nuestro centro tenga acuerdos con otros centros de adiestramiento, asociaciones, o empresas del sector para ofrecer mejores condiciones, o la mejor calidad en la formación. También es recomendable que exista la participación, o aportación de ponentes destacados en los cursos, o seminarios que oferten, como personal de grupos de rescate y salvamento, o especialistas en el adiestramiento canino, tanto en estamentos estatales, como internacionales.  

6.- Atención, y asesoramiento a alumnos permanente.
            - No solo es aconsejable que un centro de adiestramiento imparta cursos, y seminarios, si no que también es muy aconsejable que posteriormente haga un seguimiento a los alumnos que han recibido dichos cursos, prestando apoyo informativo, bien en el mismo centro, o por medio de paginas Web, permitiendo esclarecer cualquier duda que no se haya resuelto durante los cursos, y que se haya presentado durante el proceso de adiestramiento en cualquier lugar fuera del centro. Estos medios modernos de comunicación son hoy día muy importantes tanto para el adiestrador como para el alumno, ya que permiten una comunicación muy eficaz ante cualquier eventualidad, y permiten al alumno, además, poder expresar sus conclusiones en un medio que permita a otros dueños, quizás menos experimentados, aclarar conceptos, y dudas que pudiesen surgirles durante sus primeros comienzos.

7.- Adecuada relación calidad / precio.
-Sin duda alguna este es uno de los requisitos que más tendremos en cuenta. Si bien el precio puede variar de un centro a otro, sin duda hemos de tener en cuenta las ventajas de todas las prestaciones que el centro nos posibilite, aunque no hagamos uso de ellas. También deberemos observar que sean claros con las condiciones de pago, y detallados en los recibos. En el caso de los posibles cursos, o seminarios recibidos, se nos debería hacer entrega de una titulación, o diploma correspondiente, que acredite la superación, o participación en dicha formación. Por supuesto, no debemos exagerar con nuestras expectativas. Si bien muchos cursos tienen validez nacional (obviamente son más caros) la mayoría de cursos, y seminarios son a titulo interno, impartidos y sostenidos por el mismo centro, y no tienen validez más allá de simplemente informativo. Aun así, debemos asegurarnos que posea el sello del centro, que es el reconocimiento de haber superado el curso, y mejor si lo respalda alguna institución. Todo en su justa medida.

8.- Referencias de otros alumnos.
- Contar con las opiniones de antiguos alumnos del centro de adiestramiento, para valorar la idoneidad del mismo, es algo muy recomendable. Al igual que no solemos hacernos socios de un centro, de la índole que fuese, que haya recibido quejas, o en el que sus socios estén disgustados, tener en cuenta las alabanzas de los que ya han utilizado los servicios de un centro de adiestramiento, también es una buena idea. Esto es lo que comúnmente se conoce como el “boca en boca”, el cual se podría extender también a medios digitales.

9.- Reconocimiento publico.
            - Es también un distintivo importante, los meritos que se hubiesen podido conseguir por los miembros del centro, para acreditar la valía del mismo. Es comprensible entender que llegar a un centro de adiestramiento, en el que se nos presenta nada más entrar, una enorme vitrina llena de copas, medallas y diplomas, es una clara muestra del reconocimiento oficial que existe del mismo. No solo es ostentación, si no que además es una prueba física de los meritos reconocidos por otros profesionales del adiestramiento canino, y por las autoridades que hicieron entrega del galardón expuesto. Está de más volver a repetir, que dichos galardones fueron conseguidos por los adiestradores, que son, siempre, la columna vertebral de cualquier centro de adiestramiento.

10.- Entorno para el adiestramiento.

            - No solo es importante el precio, o los diplomas cuando buscamos un buen centro de adiestramiento para nuestro perro, si no que debemos considerar todo lo que esté relacionado con el ambiente de trabajo que existe en el centro de adiestramiento. Y este es, pese a que lo haya puesto el último, una de las cosas más importantes a tener en cuenta. Hemos de entender que existen varios aspectos cuando hablamos del ambiente de trabajo en un centro de adiestramiento, que pueden ser relevantes a la hora de decidirnos por uno en particular. Es muy importante considerar que ambientes de trabajo son idóneos para poder realizar un adiestramiento canino de la forma adecuada. Si bien existen muchas cosas a tener en cuenta, aquí solo expondremos tres tipos de ambiente de trabajo NO recomendables.
  
-El primero podríamos llamarlo “inconvenientes externos”, y podríamos denominarlos como todos aquellos que influyen, y generan dificultad en el adiestramiento desde el exterior del mismo, como carreteras con mucho trafico, obras, empresas muy ruidosas o que generen polvo, etc. Estos centros han de evitarse, ya que no solo distraen al perro, si no también al adiestrador, y a nosotros mismos, y no permiten una asimilación adecuada de las técnicas de adiestramiento.
-Al segundo tipo lo denominaremos como “aglomeración masiva”, y se produce cuando se masifica una clase lectiva, ya sea teórica o práctica, lo que imposibilita la correcta evolución del proceso de aprendizaje, y dificulta enormemente que los adiestradores realicen su trabajo convenientemente.
- El tercer tipo es obviamente algo que no hace falta que nos expliquen como es, y al que no voy a poner ningún nombre concreto, ya que se refiere al centro donde el personal no esta en demasiada “sincronía”, por decirlo finamente. El personal de un centro de adiestramiento, en verdad, de cualquier centro docente de la índole que fuese, ya fuesen educadores o administrativos, no pueden, jamás, dar muestras de enemistad por la naturaleza misma del lugar en el que se encuentran. Como me dijo un amigo mío hace tiempo, si quieres pelearte, se boxeador, no maestro.

31 mar. 2013

Primeros perros de busqueda y rescate.



.-Primeros perros de búsqueda y rescate.  


En el paso de montaña del gran monte St. Bernhard, a 2.469 metros sobre el nivel del mar, unos monjes fundaron en el Siglo XI, un hospicio para viajeros, y peregrinos. Allí se criaron, desde mediados del Siglo XVII, perros grandes de montaña para guarda, y vigilancia.

La existencia de aquellos perros está documentada gráficamente desde 1.695, y por escrito, en una crónica del hospicio desde el año 1.707. Estos perros pronto se utilizaron como perros escolta, y especialmente como perros de salvamento para viajeros perdidos en la niebla, y la nieve.

Existen crónicas publicadas en muchos idiomas, sobre las numerosas vidas que fueron salvadas por estos perros de morir en la nieve, la famosa muerte blanca, y relatos de soldados que cruzaron el paso de montaña con Napoleón Bonaparte hacia el 1.800, que extendieron la fama del perro de San Bernardo por toda Europa.


Los primeros perros de rescate reconocidos fueron los antepasados del actual San Bernardo. Perros que eran propiedad de los monjes de los hospicios de la abadía de San bernardo en Suiza, y eran descendientes de los Molosos de los soldados Romanos, o también llamados, perros de carnicero. Aunque los monjes siempre han asegurado que sus perros eran el resultado del cruce de una doga alemán y un mastín del pirineo.


A mediados del siglo XVIII los monjes comenzaron a utilizar sus perros para el rescate.
Los monjes de los hospicios empezaron a utilizar a los perros sagrados puramente como animales de protección hasta que en 1.750 uno de los monjes se dio cuenta de su potencial, y empezó a adiestrarlos para tareas de salvamento. Gracias a su excepcional olfato, estos perros eran capaces de localizar a una persona enterrada bajo varios metros de nieve Y con su tremenda fuerza física, conseguían abrirse paso hasta ella. También eran capaces de oír los gritos de auxilio desde grandes distancias.


Se calcula que alo largo de los siglos los monjes, y sus perros, salvaron a unas 2.000 personas atrapadas en la nieve, localizando además más de 200 cadáveres que aún yacen en las criptas del hospicio.
Hoy día estos monjes siguen criando San Bernardos, aunque no los utilicen para rescate.


En la primera guerra mundial los alemanes utilizaron perros de búsqueda para localizar a los soldados heridos en las zonas devastadas por las batallas.
Igualmente en la segunda guerra mundial, también fueron utilizados por los Británicos para salvar a los suyos de entre los escombros de las ruinas que habían provocado los enfrentamientos bélicos.
Esta faceta ha ido desarrollándose y perfeccionándose a través del tiempo, y ha convertido al perro en un instrumento muy valioso para la sociedad.


.-Razas de perros de búsqueda y rescate.

No existe una raza específica para esta modalidad. Puede ser un perro con pedigree, un mestizo, un labrador, un pitbull, un rottweiler… lo que nos debe interesar son sus características, ya que son estas las que aportan su mayor, o menor predisposición para el trabajo de búsqueda, y rescate.


.- ¿Por qué se utiliza el perro de búsqueda y rescate?

Porque realmente no existe tecnología capaz de superar la efectividad, y rapidez del perro.
El perro de búsqueda y rescate es compañero de trabajo del guía, no es simplemente un perro cualquiera y mucho menos un perro de compañía. Es la mitad del binomio que forman guía y perro.